Thomas Earnshaw fue el hombre que simplificó, pulió y estandarizó el cronómetro de marina definitivo.
Su diseño fue tan sumamente eficiente que se convirtió en la norma de la industria; los cronómetros mecánicos de navegación que utilizaron los barcos de todo el mundo durante los siguientes 150 años seguían basándose, casi letra por letra, en los inventos de Earnshaw.
A pesar de su genialidad, Earnshaw tuvo una vida marcada por feroces batallas por patentes y derechos de autor, especialmente contra John Arnold y el Board of Longitude (la Junta de Longitud).
El Escape de Detención de Resorte (Spring Detent)
Aunque Arnold había patentado un sistema de retén, la versión de Earnshaw introdujo mejoras críticas que lo hacían infinitamente más fiable y fácil de fabricar en serie.
El rodillo del volante (unlocking lift) levanta suavemente el fino resorte de oro (spring in gold) en una dirección para desbloquear la rueda de escape (escape wheel).
Al desbloquearse, la rueda da un impulso directo al volante (impulse lift).
Al regresar, el volante dobla el muelle de oro sin mover el brazo principal, garantizando que el escape reciba fuerza solo una vez por oscilación completa.
Este sistema eliminaba casi por completo la necesidad de aceitar el escape, solventando el gran enemigo de los relojes en alta mar: la degradación y congelación de los lubricantes.
El Volante de Compensación "Z"
Otra de sus grandes contribuciones fue el proceso de fabricación del volante bimetálico. Earnshaw ideó un método revolucionario para fusionar el latón y el acero fundiéndolos juntos directamente, para luego recortar el volante con la forma necesaria (conocido por su acción de compensación térmica).
Antes de esto, los relojeros tenían que soldar o remachar minuciosamente las tiras bimetálicas, lo que creaba debilidades estructurales y variaciones erráticas con los cambios de temperatura.
El volante de Earnshaw reaccionaba de forma perfectamente uniforme al frío y al calor extremos.
La Gran Disputa Histórica
Earnshaw ideó su escape en 1780, pero cometiendo el error de no patentarlo inmediatamente por falta de fondos.
Un relojero llamado Thomas Wright registró la patente en 1783 cobrando una comisión a Earnshaw. Esto desató una guerra de acusaciones con John Arnold sobre quién había sido el verdadero inventor del sistema de detención moderno.
El conflicto escaló hasta la Junta de Longitud. Tras años de agrios debates, en 1805 la Junta decidió otorgar £3,000 tanto a John Arnold (a título póstumo, recibidas por su hijo) como a Thomas Earnshaw. Earnshaw nunca quedó satisfecho, pues consideraba que el diseño de Arnold era inferior y que a él se le debía el reconocimiento exclusivo.
El Viaje del HMS Beagle
La prueba definitiva de la superioridad práctica de los cronómetros de Earnshaw llegó décadas después. Cuando el HMS Beagle zarpó en su famoso viaje alrededor del mundo (el viaje en el que viajaba Charles Darwin), llevaba a bordo varios cronómetros marinos para cartografiar las longitudes exactas.
El cronómetro principal del barco, encargado de mantener la hora de referencia del viaje, era el Earnshaw No. 506, alabado por el mismísimo capitán Robert FitzRoy por su extraordinaria regularidad.