El cronógrafo rattrapante (también conocido como cronógrafo de división de tiempo, split-seconds en inglés o doppelchronograph en alemán) es, junto al tourbillon y la repetición de minutos, una de las tres grandes complicaciones reinas de la alta relojería mecánica.
Su objetivo es resolver un problema técnico muy específico: medir la duración de dos eventos que comienzan al mismo tiempo pero terminan en momentos diferentes (por ejemplo, el tiempo de dos corredores en una carrera).
El término proviene del francés rattraper, que significa "alcanzar" o "reengancharse", lo que describe a la perfección el fascinante comportamiento visual de sus agujas.
1. ¿Cómo funciona visualmente? (El juego de las dos agujas)
A simple vista, un reloj rattrapante parece un cronógrafo normal, pero si te fijas bien, la aguja central de los segundos del cronógrafo está "duplicada": hay dos agujas superpuestas, una exactamente encima de la otra, tan perfectamente alineadas que parecen una sola.
El reloj cuenta con un tercer pulsador (además de los dos habituales), que suele estar situado a las 10 o integrado en la propia corona. El juego óptico funciona así:
El Inicio: Pulsas el botón de arranque a las 2. Ambas agujas empiezan a correr juntas por la esfera, simulando ser una sola aguja.
La División: Pasa el primer corredor por la meta. Pulsas el botón del rattrapante (a las 10). Al instante, la aguja inferior (llamada aguja de división) se detiene en seco para que puedas leer el tiempo del primer corredor. Mientras tanto, la aguja principal sigue corriendo sin detenerse, midiendo el tiempo global.
El Reenganche: Apuntas el tiempo del primer corredor y vuelves a pulsar el botón de las 10. En una fracción de segundo, la aguja que se había quedado parada da un salto ultrasónico y alcanza a la aguja principal, volviendo a esconderse debajo de ella para seguir el viaje juntas.
2. La pesadilla del maestro relojero
Si el cronógrafo foudroyante destaca por su velocidad, el rattrapante destaca por su extrema complejidad de micro-ingeniería. De hecho, muchos relojeros consideran que ajustar un rattrapante tradicional es más difícil que montar un tourbillon.
El desafío radica en las fuerzas opuestas y la fricción:
El mecanismo requiere una pinza mecánica (similar a una tijera en miniatura) que debe morder la rueda de la aguja divisoria para frenarla en seco en el momento exacto en que se pulsa el botón.
Mientras esa aguja está frenada, la aguja principal sigue girando. Esto significa que el muelle que une ambas ruedas se va tensando. Si la fricción no está calculada al milímetro, el reloj entero perderá fuerza, ralentizando el movimiento principal y alterando la hora del reloj (isocronismo).
Al soltar la pinza, un muelle en forma de corazón obliga a la aguja divisoria a regresar instantáneamente a la posición de la aguja en marcha.
3. Modelos y marcas de referencia
Debido a su dificultad, muy pocas manufacturas son capaces de producir calibres rattrapante puramente mecánicos desde cero. Algunas de las firmas que han hecho historia con esta complicación son:
IWC (Richard Habring): En los años 90, el relojero Richard Habring revolucionó la industria para IWC al diseñar un módulo rattrapante acoplado sobre el robusto y económico calibre Valjoux 7750 (dando vida al famoso IWC Doppelchronograph). Consiguió democratizar una complicación que hasta entonces costaba decenas de miles de euros.
A. Lange & Söhne (Double Split y Triple Split): La manufactura sazona llevó esta complicación a un nivel nunca antes visto. Mientras que los rattrapante tradicionales solo dividen los segundos, el Double Split permite dividir segundos y minutos (hasta 30). Su hermano mayor, el Triple Split, permite dividir segundos, minutos y hasta 12 horas mediante tres parejas de agujas gemelas. Una obra de arte mecánica insuperable.
Patek Philippe: Sus cronógrafos rattrapante de carga manual (como el clásico Ref. 5370) son el epítome de la elegancia clásica y la decoración artesanal de puentes y palancas, codiciados en las subastas de todo el mundo.