En el siglo XVIII, no existían los relojes de cuarzo ni los GPS. En los talleres de relojería y en los observatorios astronómicos, se necesitaba un reloj patrón extremadamente preciso para poner en hora a todos los demás relojes que se fabricaban o reparaban.
Este reloj de pared (generalmente de péndulo) se llamaba
Regulador.
La característica principal de un regulador es que las manecillas están separadas:
La aguja de los minutos:
Es la protagonista y ocupa el eje central (la más grande).
La aguja de las horas:
Se desplaza a una subesfera secundaria (generalmente a las 12).
La aguja de los segundos:
Se sitúa en otra subesfera (generalmente a las 6).
El objetivo de esta especial distribución, es el dar prioridad a la precisión, por lo que el énfasis se encuentra en la manecilla de los minutos y los segundos, dejando en un segundo plano la aguja de las horas.
La distribución de las agujas, en la esfera del reloj, no proviene de los relojes de muñeca.
Proviene de los relojes de antaño y el concepto realmente es muy sencillo.
No fue por estética, sino por funcionalidad crítica:
Evitar el solapamiento:
En un reloj normal, cuando las agujas se cruzan (por ejemplo, a las 12:00), la de los minutos tapa a la de las horas. En un observatorio, esto impedía una lectura exacta al segundo.
Reducir la fricción:
Al separar los trenes de engranajes de cada aguja, se buscaba que el peso y la fricción de las manecillas no afectaran la precisión del escape.
Cuando había un gran salón con varios relojeros trabajando en sus mesas y llegaba el momento de poner en hora la pieza sobre la cual estaban trabajando, lo mas práctico era tener un gran reloj frente a todos, de buen tamaño y con una distribución que permitiera obtener rápidamente la hora.
Estos grandes relojes se encontraban frente a el grupo de relojeros para tenerlo como referencia.
El Salto de la Pared a la Muñeca
Durante casi 200 años, el regulador fue estrictamente un instrumento profesional de gran tamaño. No fue hasta finales del siglo XX cuando las marcas decidieron trasladar esta estética a los relojes de pulsera.
Chronoswiss (1987):
Fue la marca pionera. Gerd-Rüdiger Lang lanzó el Régulateur, el primer reloj de pulsera de producción en serie con esta complicación, convirtiéndola en un icono de diseño.
Pryngeps y otras marcas:
Al ver el éxito de este diseño "científico", muchas marcas (incluida Pryngeps en sus colecciones más clásicas) adoptaron el estilo regulador para ofrecer una estética técnica y sofisticada.
Hoy en día, un reloj regulador ya no es necesario para poner en hora otros relojes, pero se valora por:
Legibilidad de minutos:
Es ideal para quienes necesitan medir intervalos de tiempo exactos (como médicos o navegantes).
Exclusividad:
Rompe con la estética tradicional de "agujas concéntricas", lo que lo hace destacar en cualquier colección.
Curiosidad:
En los antiguos observatorios, los científicos esperaban a que la aguja de los minutos del regulador llegara a una marca específica para registrar el paso de una estrella por el meridiano.